domingo, 24 de abril de 2011

Punto de partida repetido.

Hoy.
En este cuarto oscuro. Ring de box. Suena la campana que anuncia el término de otro round de 365 segundos. Ya tengo el ojo morado, pero también he pegado. Mis piernas son rápidas. Se bailar. Esquivo. Me dan. Doy. Respondo para que respondan. Abrazo cuando estoy cansado, pero no me dejo abrazar.
Hoy.
Lejos de tirar la toalla, me seco las lágrimas con ella. Sin protector digo la letra que me aprendo todas las madrugadas. Ese guión reescrito por mi ego e interpretado por mi corazón. Solitario evito irme contra las cuerdas mientras la lona socarrona me llama excitada. No me entrego. Voy por más. El estadio está lleno. Ha venido gente a verme perder pero no le voy a dar el gusto. Aguanto el dolor fruto de la ansiedad y la desidia. Banco el castigo para poder castigar. Me muevo con premeditación pero sin alevosía. Espero el momento justo para meter el gancho.
Hoy.
Miro hacia atrás y hasta el banquito me han sacado. Las luces no me dejan ver a mis pocos afectos, mucho menos escuchar sus gritos. Pero se que están, sufriendo, pero están. Entonces es cuando analizo los asaltos. Uno por uno. 35. No ha estado tan mal. No me han noqueado. Supe noquear. Los amores golpean sin guantes. Los fracasos no resbalan en la piel, mucho menos las noches que no dan tregua en colchones desconocidos que albergan la bolsa de huesos que soy. Igual voy por el título.
Hoy. Justo hoy.
Peleando, de puño y letra. Me levanto de mi rincón para escribir más rounds. Estirando la caída mientras pocas cosas me divierten. Manteniendo la tensión. Sosteniendo el nervio. Escupo contra la hoja en blanco la sangre. Sigo. Asalto por asalto. Paciente. Observo las nalguitas duritas de la chica que se menea con el cartel que anuncia el próximo round. 
Hoy. 
Parecen que van 35 mil.

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